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Siempre despiertas, aunque las nubes opacas se asienten sobre la aterradora ciudad, aunque las lagrimas acaparen la atencion del firmamento del dolor, siempre despiertas, todavia ilusionada en la esperanza, que con el solo pasar del tiempo, exclama su imposibilidad al porvenir.
Siempre sonries, aunque destrozado se encuentre tu pobre y desolado corazon cansado de creer, siempre suspiras, intentando con tu fe avivar la llama del delirio, que arde con tu solo respirar esperando el ulterior, no obstante se desvanece entre el sombrio de las nubes, el renegrido sentimiento del dolor y el chillar eclipsado de tu conciencia, entregada cruelmente a la realidad.
Y lo esperas, mientras la suave brisa acaricia tu dulce piel lo esperas, y cuando casi perdias el dogma, al final del ferreo tiempo transcurrido, lo viste, plasmado en el horizonte del manana, viste como tus anhelos se estrellaban en el, en tu realidad.
Solo que el era la nada, que plasmado en tu imaginacion, vislumbraste como regio, para siempre permanecer en lo confuso de tu dudoso yacer.
Mas todavia despiertas, todavia sonries, suspiras y lo esperas, pues es envidiable el credo de tus entretelas, que todavia aferrada estos, a el, a la nada, y tus mas innatos sentimientos del corazon, siempre destinados a creer, siguen latentes como el mismo sol, que no importa lo yermo del atardecer, esconde con su renacer, el despertar maravilloso del amanecer.
Quirico E. Perez 15/0906
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